4th Global Mental Health Advocacy Forum
«Reimaginar la salud mental global: sin dejar atrás ninguna voz»

Recomendaciones sobre
políticas, promoción
e investigación

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Resumen

El IV Foro Mundial de Defensa de la Salud Mental (4th Global Mental Health Advocacy Forum) destacó un mensaje central: la defensa de la salud mental tiene éxito cuando se basa en el poder, la historia y la realidad vivida, y no solo en soluciones técnicas. A lo largo de las sesiones, los ponentes argumentaron de manera sistemática que la salud mental está determinada por las desigualdades estructurales (colonización, racismo institucional, criminalización, estigmatización y exclusión económica) y que, por lo tanto, la defensa debe diseñarse como un proyecto de sistemas y justicia, basado en la creación de coaliciones y colaboraciones integradas.

Los ponentes hicieron hincapié en que el trabajo por la equidad debe «empezar por el principio», identificando los orígenes de las desigualdades en materia de salud mental, y que el liderazgo sostenible depende de la confianza, la continuidad cultural y la conexión a largo plazo como mecanismos esenciales de cambio. Paralelamente, la participación de los jóvenes se trató como una cuestión de gobernanza, con un claro llamamiento a pasar de la consulta al liderazgo juvenil, lo que significa que los jóvenes participen en la elaboración de los presupuestos, el diseño de los programas y la rendición de cuentas.

La financiación y la estrategia política se presentaron como los motores prácticos que determinan si la equidad y la participación son reales o meramente performativas. El Foro destacó cómo las organizaciones de la sociedad civil están atrapadas en un «ciclo de inanición sin ánimo de lucro» y abogó por un nuevo paradigma de financiación: financiación a largo plazo, flexible y centrada en los resultados; convocatorias abiertas; funciones de asesoramiento remuneradas basadas en la experiencia vivida; y procesos de concesión de subvenciones que no excluyan estructuralmente a las organizaciones comunitarias. Las sesiones sobre políticas reforzaron la idea de que las declaraciones globales de las Naciones Unidas solo son útiles si los defensores las tratan como herramientas para exigir presupuestos, planes de implementación y un seguimiento medible.

El estigma y la inclusión se enmarcaron como condiciones de diseño del sistema, no como preocupaciones adicionales. Se reconoció que el trabajo contra el estigma sigue estando infradotado a pesar de las sólidas pruebas (especialmente los enfoques de contacto social), y se presentó la salud mental de las personas LGBTQI+ como una prueba estructural de si los sistemas son realmente seguros y se basan en los derechos, lo que requiere una atención explícita a la criminalización, la confidencialidad y la no discriminación. La experiencia de Filipinas reforzó una advertencia clave en todos los temas: la concienciación puede aumentar las necesidades no satisfechas si las vías de acceso a los servicios son débiles.

En general, el IV Foro Mundial de Defensa de la Salud Mental convergió en un mensaje práctico: la defensa eficaz conecta lo personal y lo político, combinando historias con datos, centrando la experiencia vivida como crítica del sistema y creando coaliciones duraderas para mantener el cambio a largo plazo.

La Global Mental Health Action Network se encuentra en una posición única para facilitar el aprendizaje y la colaboración a nivel mundial como las formas más eficaces de avanzar hacia una mejor salud mental para todos.

Este breve informe resume las principales recomendaciones en materia de políticas, investigación y promoción para apoyar la labor de los defensores de la salud mental en todo el mundo.

Recomendaciones

A. Recomendaciones para los defensores de la salud mental

  • Comience el trabajo por la equidad nombrando la historia y los factores estructurales. La defensa de la salud mental que busca la equidad debe comenzar por el principio: nombrar explícitamente la colonización, el racismo institucional, el despojo cultural y la exclusión económica como factores causantes del malestar mental y la desigualdad, en lugar de tratarlos como contexto de fondo.

  • Trate la experiencia vivida como una crítica al sistema y una forma de rendir cuentas, no como un complemento narrativo. La experiencia vivida debe contar con recursos, protegerse y posicionarse como un mecanismo para identificar fallos del sistema, mejorar la relevancia y exigir responsabilidades a las instituciones, especialmente en el caso de las comunidades indígenas, las personas LGBTQI+ y los jóvenes.

  • Desarrollar estrategias de defensa que operen en los niveles del yo, la sociedad y el sistema. La concienciación y la reducción del estigma son necesarias, pero sin vías de acceso a los servicios (atención primaria, medicamentos, derivaciones, cuidados posteriores, apoyos comunitarios), la defensa puede aumentar involuntariamente las necesidades no satisfechas y la frustración. Los defensores deben diseñar campañas que vinculen la generación de demanda con el acceso real.

  • Dar prioridad a las relaciones como infraestructura básica para una defensa sostenible. La confianza, la atención, la rendición de cuentas y la conexión sostenida no son valores «blandos», sino mecanismos para prevenir el agotamiento y permitir una acción colectiva duradera, especialmente en situaciones de desequilibrio de poder y comunidades diversas.

  • Utilizar las herramientas políticas de forma estratégica, no simbólica. Los compromisos globales, como la Declaración Política de las Naciones Unidas, deben considerarse como una palanca para los presupuestos, los planes de implementación y la rendición de cuentas medible, y no como objetivos finales o trofeos.

  • Integrar la salud mental en otras agendas sin permitir el tokenismo. La promoción debe impulsar una integración significativa entre sectores (educación, VIH/TB, ENT, salud y derechos sexuales y reproductivos, respuesta humanitaria, protección social), al tiempo que se resiste a enfoques superficiales como las herramientas de detección sin capacidad del personal, los sistemas de derivación y la atención de seguimiento.

  • Tratar el estigma como una barrera estructural que requiere una intervención basada en la evidencia. Los defensores deben dar prioridad a las estrategias de reducción del estigma con pruebas sólidas, especialmente el contacto social, e impulsar que el trabajo contra el estigma se financie, se incorpore a las políticas y se evalúe, en lugar de dejarse como una aspiración moral sin financiación.

  • Hacer que la inclusión sea operativa mediante el rediseño de los servicios. Especialmente en el caso de las poblaciones LGBTQI+, los defensores deben impulsar que los sistemas se rediseñen en torno a la confidencialidad, la no discriminación y la atención no patologizante, y abordar explícitamente la criminalización y la discriminación como determinantes de la salud mental.

  • Diseñar la participación de los jóvenes como reparto de poder y gobernanza. La participación de los jóvenes debe sustituirse por modelos de liderazgo juvenil en los que los jóvenes participen en el diseño desde el principio, tengan autoridad para tomar decisiones (incluidos los presupuestos), reciban una compensación por su trabajo y cuenten con una infraestructura de tutoría y apoyo entre pares.

  • Combinar deliberadamente los datos y la narración de historias. Los datos suelen ser necesarios para abrir las puertas de las políticas y justificar la inversión, mientras que las narrativas de experiencias vividas crean urgencia y defensores. Los defensores deben tratarlos como herramientas complementarias en lugar de enfoques competitivos.

  • Crear herramientas globales compartidas que conecten la práctica local con la visibilidad global. La iniciativa «Geografía del estigma» y los conjuntos de herramientas relacionados deben desarrollarse como recursos interactivos en los que los defensores puedan buscar por país, tipo de estigma y categoría de intervención, y acceder a herramientas de implementación, resúmenes de pruebas, relatos de experiencias vividas y orientación para la evaluación.

  • Fortalecer las redes entre pares para los defensores y las organizaciones de base de los países de ingresos bajos y medios. Las redes deben funcionar como infraestructura para el apoyo técnico, las vías de financiación, la tutoría y la estrategia compartida, especialmente para las organizaciones que se enfrentan a barreras estructurales para participar en los espacios globales.

B. Recomendaciones para financiadores y responsables políticos

  • Cambiar los modelos de financiación hacia una financiación a largo plazo, flexible y centrada en los resultados. La financiación debe ajustarse a las realidades de la recuperación, el cambio del sistema y la creación de movimientos, incluyendo horizontes temporales más largos (incluidas estrategias a 10 años), estructuras de subvenciones flexibles y enfoques de evaluación que reflejen la recuperación y el funcionamiento, en lugar de solo lo que es más fácil de cuantificar.

  • Tratar la participación basada en la experiencia vivida como un requisito financiado, no como un complemento opcional. Los financiadores deben invertir en asesores con experiencia vivida como funciones remuneradas dentro de las instituciones, exigir una participación significativa basada en la experiencia vivida como condición para las subvenciones y garantizar que las organizaciones con experiencia vivida sean participantes obligatorias en las evaluaciones de necesidades y las decisiones de financiación.

  • Abordar el sesgo geográfico y la exclusión estructural en los sistemas de financiación. Los financiadores y los responsables de la toma de decisiones deben nombrar y corregir explícitamente las desigualdades geográficas, reducir las barreras de diligencia debida que asumen una infraestructura organizativa formal y ampliar las convocatorias abiertas en lugar de depender de una financiación cerrada y basada en las relaciones que reproduce la invisibilidad.

  • Coordinar a los financiadores para reducir la fragmentación y los silos. Los responsables de la toma de decisiones deben reducir las carteras aisladas y fomentar modelos de financiación intersectoriales en los que la salud mental pueda integrarse en la educación, la respuesta humanitaria, la salud y los derechos sexuales y reproductivos y otras plataformas, en lugar de competir por fuentes de financiación separadas y aisladas.

  • Dotar de recursos al liderazgo juvenil como cambio de gobernanza y de sistemas. El liderazgo juvenil debe financiarse con recursos flexibles y sin restricciones, incluyendo la compensación por el trabajo juvenil, la autoridad presupuestaria y las estructuras de mentoría intergeneracional y apoyo entre pares que hagan que el liderazgo sea sostenible en lugar de extractivo.

  • Incorporar mecanismos de rendición de cuentas para los niños y los jóvenes en todos los sectores. Los gobiernos y las instituciones deben implementar estructuras de rendición de cuentas que abarquen a toda la sociedad y que incorporen la salud mental en la salud, la educación, la protección infantil y la protección social, garantizando una responsabilidad compartida respaldada por financiación, en lugar de compromisos sin financiación.

  • Tratar la reducción del estigma y la seguridad de los servicios como prioridades políticas. Los responsables de la toma de decisiones deben financiar e institucionalizar la labor de reducción del estigma (incluidos los enfoques de contacto social), integrarla en los marcos políticos y garantizar que los servicios sean seguros para los grupos marginados mediante la protección de la confidencialidad y la aplicación de medidas contra la discriminación.

  • Apoyar una infraestructura comunitaria con base cultural. Los modelos comunitarios escalables, como los grupos básicos de salud mental comunitaria, los clubes escolares y el apoyo entre pares, las asociaciones radiofónicas, la rehabilitación psicosocial, la atención posterior y los grupos de apoyo familiar, deben ser prioritarios como infraestructura fundamental para unos sistemas de salud mental sostenibles.

C. Recomendaciones para la investigación

  • Invertir en pruebas prácticas y útiles para reducir el estigma y fomentar la inclusión. La investigación debe respaldar enfoques pragmáticos de seguimiento y evaluación de las intervenciones contra el estigma (incluido el contacto social), crear herramientas que los responsables de la aplicación puedan utilizar de forma realista y crear repositorios mundiales que hagan visibles y transferibles las innovaciones locales.

  • Apoyar la generación de pruebas que reflejen las realidades vividas y la complejidad del sistema. Las agendas de investigación deben dar prioridad a las pruebas con base cultural y geográficamente relevantes, en particular las procedentes de países de ingresos bajos y medios, incluidos los contextos rurales y remotos, en lugar de dar por sentada la transferibilidad universal de los modelos.

  • Desarrollar métricas de rendición de cuentas que sean significativas, no burocráticas. La investigación debe apoyar mecanismos de rendición de cuentas centrados en los niños y los jóvenes que hagan un seguimiento del cambio real del sistema (acceso a los servicios, calidad, seguridad, continuidad de la atención) sin crear ejercicios de presentación de informes onerosos y alejados de la implementación.

  • Ampliar los enfoques de investigación más allá de la reducción de los síntomas clínicos. Los financiadores y los investigadores deben dar prioridad a los resultados que reflejen la recuperación y el funcionamiento, incluyendo la participación, la inclusión social, la seguridad, la dignidad y el bienestar a largo plazo, en particular para las poblaciones y comunidades LGBTQI+ que sufren opresión estructural.

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